Nuestros funcionarios gastan fortunas (de nuestros contribuyentes), en colocar lomos de burro (que destrozan los vehículos y provocan accidentes), semáforos mal calibrados o instalados en zonas de poco tránsito, calles que fueron reducidas en ancho, sentidos de circulación que cambian 2 y 3 veces en la misma arteria (Mendoza, Crisóstomo Álvarez, San Lorenzo, etc.), absurdos carriles “exclusivos” que solo sirven para reducir el ancho de las calles y avenidas, entorpeciendo la circulación, impidiendo el ascenso y descenso de pasajeros particulares, poniendo en riesgo a ciclistas y motociclistas que deben ir por el medio de la calle, complicando los giros, y aumentando el peligro y la vida de las personas. Esta situación derivada de malas decisiones, nunca tuvieron en cuenta mejorar la circulación. Jamás pensaron en el momento en que deben pasar ambulancias, policías o bomberos por arterias que se redujeron, con tránsito bloqueado, justamente en las calles donde están los principales sanatorios, universidades, escuelas, colegios u oficinas públicas en cuyos horarios pico, la circulación es imposible. Tafí Viejo y Yerba Buena parecen campos minados con lomos de burro por doquier. Transitar por nuestras ciudades se ha vuelto un calvario para peatones y conductores, donde lo único cierto es el caos generado por medidas de funcionarios carentes de sentido común y capacidad profesional. Reducir las calles y colocar obstáculos, no evitará que la gente circule, sino solo sobrecargará las pocas arterias que queden habilitadas. Todo esto sin tener en cuenta el perjuicio a la economía y el comercio, que esas malas decisiones provocan. Inviertan en educación y no en trabar la circulación. Las normas de tránsito y convivencia se deben aprender en la escuela y no a los golpes con lomos de burro y lamentables accidentes.

Pablo Cotella

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